El cortijo del Tío Sam

Vistas desde un edificio de Santurce

Puerto Rico nunca ha dejado de ser una colonia. EEUU lleva comprándolo desde 1898. Comprando tierras y la complicidad de los habitantes de la isla. Comprando el silencio de los boricuas con modestos subsidios cuando se llevan del país el triple de lo que dan.

Basta con pasear por San Juan o Ponce. Apenas hay comercios. El pueblo compra en unos pocos supermercados de grandes cadenas estadounidenses. No se ven personas caminando, a excepción de indigentes. Lo que se ve con coches. Demasiados coches. La metrópolis hace mucho dinero ya que todos automóviles entran en barco desde EEUU. No me extraña que se dejara caer hace diez años el transporte público. Rusia cuenta con una línea de trenes de una punta a otra y Puerto Rico, más pequeño que Galicia, no. Necesitas un coche sí o sí para una isla minúscula.

Mencionaba antes que todos los vehículos entran a través de EEUU. La Ley de Cabotaje es una imposición colonial por la cual todas las importaciones y exportaciones puertorriqueñas tienen que pasar por un puerto de Estados Unidos continental primero. ¡Hasta la ayuda humanitaria tras el huracán María! En Puerto Rico no está garantizada la soberanía alimentaria.

EEUU se encargó de desarrollar la industria todo lo que pudo. Colocaba sus fábricas para aprovechar la mano de obra barata antes de contar con países como China. Cuando perdió la influencia de Cuba, Puerto Rico creció enormemente. Mientras la industria florecía, la agricultura dio marcha atrás. Al no cultivar nada, todo llega del continente con precios inflados por los intermediarios. El combustible de los cargueros no se paga solo. Por este motivo la comida basura sale más económica que las verduras. Hay poca diferencia entre el precio de comer fuera o dentro de casa. Esto lleva a graves problemas de salud pública. La obesidad está a la orden del día, al igual que las enfermedades cardíacas. Los alimentos prefabricados y enlatados abundan en los supermercados. No todo el mundo puede permitirse estar sano.

Por si fuera poco, los hospitales no están ni equipados ni preparados. A pesar de funcionar a través de seguros privados, no ofrecen diagnósticos ni tratamientos adecuados. Los médicos no son bien remunerados. Una infección de orina puede tardar en diagnosticarse varios días. Si te rompes un ligamento no te van a hacer una radiografía el mismo día. Te mandarán tomar los antinflamatorios que veas y descansar.

El Estado Puertorriqueño no da para más con una deuda que supera el 100% de la economía. No solamente no tiene fondos suficientes para pagar a los médicos. La educación está por los suelos. Estados Unidos muestra una actitud benévola al entregar becas a los estudiantes universitarios de la isla del encanto. Este es uno de los subsidios con los que EEUU compra la legitimación del estatus colonial. El sistema educativo del pedagogo puertorriqueño Eugenio María de Hostos ha sido exportado a todo el mundo y ocupa su lugar entre los mejores. No obstante, no se usa en el país. Los estudiantes llegan con una cultura general escasa a la universidad si la comparamos con otros países caribeños.

Este es un análisis, desde mi punto de vista, de algunos de los males importados desde la metrópolis. Mientas los ciudadanos de Puerto Rico no sean conscientes de su propia fuerza, seguirán bajo el amparo del imperio gringo. Este seguirá usando la isla como base militar, como laboratorio y como mercado. Seguirá llevándose de la isla más de lo que aporta. Los puertorriqueños no deben acomplejarse. Tienen una identidad cultural riquísima mezcla de un legado europeo, amerindio y africano. Son fuertes cuando quieren unirse. La independencia puede ser un camino largo y complejo, pero es posible.

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