En el siguiente artículo, Alberto Ortega, el cual pasó cinco meses estudiando en la Universidad el Sagrado Corazón en Puerto Rico, nos muestra una carta que escribió a la mitad de su estancia en la isla.

El estudiante Alberto Ortega en la piscina del «bowl» del barrio de La Perla
Nunca me imaginé tiritando en el Caribe. Me encontré en una nevera industrial la noche que llegué a mi cuarto en la Residencia de Varones. Apenas dormí una hora tapándome con una toalla en posición fetal en una cama que ni tenía una sábana.
A la mañana me di cuenta de que estaba en otro país. Una pequeña isla separada por un océano de mi hogar en la Península Ibérica. Lo único que conocía de esta isla eran sus cantantes, la serie de Nicky Jam y su estatus colonial por parte de los EE.UU. Tuve cierto miedo al matricularme en una universidad con las palabras Sagrado Corazón en su nombre. Estoy cien por cien seguro de que hubiese pedido la plaza en la UPR de Río Piedras (universidad a la que apoyo en las competiciones deportivas) si hubiese tenido la ocasión. Suelo fiarme más de lo público que de las instituciones privadas católicas, de las que tengo una imagen de elitismo. Me esperaba un ambiente de represión y de control por parte de los empleados de la residencia. Claramente me equivoqué con mi prejuicio, ya que tuve la experiencia de vivir mi primer huracán disfrutando de un desfile de Drag Queens en el piso 5 de mi residencia. Los boricuas han sido muy acogedores, amables y divertidos conmigo. Quiero darles las gracias por ello. También hay cosas que no me gustan del ambiente de la residencia pero no las escribo porque quien lee esto sabe dónde vivo.
La integración fue rápida y en mi segundo día ya estaba de jangueo con compañeros boricuas y otros españoles de la resi. Me la paso en grande con ellos. Los boricuas son personas alegres por naturaleza que no necesitan dosis tan grandes de alcohol como los españoles para pasarla bien. Este me parece un país maravilloso con una cultura rica y mucha diversidad. Siempre te desean buen provecho con una sonrisa en la boca cuando vas a comer. Se preocupan por ti y esperan que estés bien. Se interesan mucho por ti si ven que eres de fuera.

Veo innecesario que muchos boricuas, especialmente la generación más joven, contamine en exceso sus costumbres con la cultura gringa. Me da algo de pena cuando empiezan a hablar en inglés o llevan varias capas de ropa larga en pleno trópico emulando la moda del imperio porque me fascina la cultura boricua. A mi parecer, el norte no solamente somete política y económicamente al país, sino que también impone su cultura a un pueblo que obtuvieron como botín de guerra. Igualmente digo que solo llevo dos meses en la isla. No tengo suficiente conocimiento de causa sobre estos asuntos.
La isla donde vivo es un lugar pequeño que se puede recorrer muy fácilmente si tienes un amigo con un carro. La variedad de paisajes es apabullante. He recorrido varios lugares del norte y en breves viajo por el suroeste. Sus playas, montañas, ríos, parques naturales, pueblos… convierten la isla en un lugar paradisíaco para un visitante de fuera. Boricuas, valoren esta isla y protéjanla. Pienso volver. Culebra me enamoró, es un paraíso terrenal. Estuve dos noches en las que dormí en una hamaca y en un colchón al aire libre. Fueron dos noches tan intensas las que pasé que acabé con la impresión de haber estado una semana. Lo mismo puedo decir de cuando acampé en la playa de Isabela durante dos noches. Es un fenómeno curioso el paso del tiempo. El resto de los estudiantes internacionales también nota como se distorsiona su concepción del paso de este. Los días pasan muy rápido pero son tan intensos que cuando te quieres dar cuenta llevas dos meses aquí pero tienes la sensación de haber estado cuatro. Es lo que tiene vivir lejos de la familia y amigos de uno y descubrir una cultura diferente (aunque parecida en este caso). Llevar una vida diferente en otros lugares te rompe los esquemas. Te hace ver a la gente de afuera como iguales y por eso lo recomiendo como antídoto para el auge de la intolerancia.
Quiero decir que la mayor parte de tópicos sobre los estudiantes de intercambio que hay en España son falsos. En mi país se comenta que lo único que hacen los estudiantes de intercambio es emborracharse y faltar a clase. En teoría les aprueban por no hacer nada. Nada más lejos de la realidad. La enseñanza me está pareciendo muy buena ya que a diferencia de mi universidad de origen, la Universidad Rey Juan Carlos, aquí aprendo algo. Hago cuatro veces más de lo que hacía en mi universidad de origen. Aquí no estudias una semana antes del examen para después vomitarlo en el papel y olvidarte después. En Sagrado lo que te hace aprender es el trabajo diario. De esta manera uno aprende a poner en práctica los contenidos, que es lo que de verdad importa.
Cuando llegué nos dijeron a los extranjeros que somos valientes por dejar atrás la comodidad de nuestro hogar y a nuestros seres queridos para embarcarnos en esta montaña rusa emocional. Aprendes a valorar lo que realmente importa de todo lo que has dejado atrás. Lo que no cambiarías por nada. Disfrutaré en cantidad yendo a verles en Navidad antes de volver para las fiestas de la calle San Sebastián. Espero que me dejen quedarme cuatro meses más.